La primera vez que vio ese rostro fue por accidente, había apartado por un momento la vista de lo que realmente buscaba, cansado de no llegar nunca a su objetivo o al menos, de no alcanzar nunca la meta que su mente le había propuesto. No quería dejarla ir, no iba a hacerlo de ningún modo… Pero hubo algo en lo que vio, un pequeño destello, que hizo que se detuviera por un momento a contemplar.
El mundo a su alrededor giraba, cambiaba, nunca era el mismo. No podía mantenerse más de un minuto con la misma forma, no distinguía día de noche… Parecía buscar el desorientarlo. Sabía que no debía distraerse, pero la curiosidad trepaba por sus extremidades y se apropiaba de sus músculos, de su accionar, pidiéndole que observara por más tiempo aquella forma.
¿Estaba cobrando forma? Sus ojos no lo creían, quizá estuviera ya desvariando… Gentilmente, de aquella diminuta luz se había desprendido un ser; tenía forma humana, por lo que decidió simplemente permanecer. Su objetivo se retrasaría un poco mientras saciaba su curiosidad. Parpadeo varias veces, observó la figura y se atrevió a alzar una mano, rozando así el lugar donde debía encontrarse la nariz de aquel joven que ahora se sostenía torpemente de pie. Sus ojos se abrieron, los observó durante mucho tiempo.
De pronto, el caos a su alrededor no parecía tan inmenso como antes, de pronto sus oídos lograron captar la tranquilidad que hace tiempo no conseguía oír, sus pies dejaron de luchar por obtener equilibrio. Todo parecía estabilizarse, volverse algo más concreto, fiable.
Sonrió, un gesto simple para sí mismo… Pero aquella sonrisa fue devuelta, pequeña y algo torcida, incluso rayando lo tímido. Su mente comenzó a acostumbrarse a esa sonrisa, su corazón comenzó a familiarizarse con la calidez que ésta provocaba.
Pronto tomó la mano de esta persona, luego de haberlo pensado por mucho tiempo y claramente, había elegido de forma correcta. Aquella uniformidad con la que transcurría el tiempo allí comenzó a desvanecerse; conoció la diferencia entre día, tarde y noche, con el sol imponente y la luna pálida. El suelo que una vez había sido árido se tornó en terreno fértil, lleno de naturaleza y colores, al igual que lo demás que en un principio lo había rodeado como objetos sin gracia. Ya no se veía obligado a seguir su camino, pues creía que lo que buscaba, había sido encontrado en medio de la tormenta. Ese destello se había convertido en calidez para su corazón, una morada para su cuerpo, una esperanza para su vida.
Quizá aquello fuera lo que tanto había estado buscando, ¿hace cuánto había estado buscando? No recordaba un momento exacto, sólo el paso de tiempo y la nada misma… Pero ahora, que aquel lugar se había vuelto algo más habitable, se había llenado de color y de vida, todo lo demás sobraba, todo lo que había sucedido antes había quedado en el olvido.
Mientras su corazón contara con aquel destello, tenía la certeza de que sus días seguirían siendo días soleados y sus noches, las más estrelladas.