miércoles, 19 de junio de 2013

El negro alado bien turro.


Sentado en la rama más alta de un árbol, Jongin observa sus alrededores con una pequeña sonrisa en los labios. Es de tarde, el sol brilla en distintos tonos de naranja por sobre el horizonte y hace que sus alas que reposan plegadas de manera descuidada detrás de su cuerpo, grandes y majestuosas, de plumas de un marrón semejante al de la arena húmeda mezclada con polvo de estrellas, brillen como hechas del oro más puro jamás encontrado. 
Sabe que la persona que busca pronto aparecerá por allí, ese parque en el que él había estado incontables veces acompañando a quien ahora espera. Luego de unos minutos, ve a una joven con una sonrisa equivalente al brillo de mil soles que se acerca hacia su árbol, rodeada por un brazo firme pero cuidadoso y llevando en sus manos un pequeño niño. Sus ojos reflejan el brillo del sol mientras ríe por alguna broma que el joven que la acompaña, su marido, le ha contado. Jongin se encuentra a sí mismo sonriendo desde las alturas, de la misma manera que lo hace la chica. Después de todo, él es su guardián. 





Una pequeña derrama lágrimas, sentada en el piso de una calle desierta, una bicicleta yace a su lado y sus rodillas están lastimadas. Jongin no dudó en ayudar, siendo invisible para los humanos, se acercó a ella y colocó ambas manos de manera que rozaban ligeramente las heridas. De un momento a otro, la niña levantó la vista rápidamente y lo observó. Él le sonrió y desapareció.Sorprendentemente, la niña le devolvió el gesto. 
El ángel, sorprendido por el hecho de que una humana haya podido verlo, comenzó a acompañarla desde la distancia. No tardó mucho en darse cuenta que aquella pequeña de sonrisa tierna sufría mucho, no solo en la escuela, siendo objeto de bromas constantes y de insultos, sino también en casa. Al parecer sus padres no tenían interés en pasar tiempo con su hija y esto hacía que el corazón de Jongin se sintiera pesado. Fue por eso que, luego de una gran pelea entre sus padres, decidió volver a aparecer frente a ella. 
Al principio, sintió el miedo de la niña pero con una sonrisa bastó para hacerle saber que estaba allí para cuidarla. Pequeñas manos húmedas con lágrimas tomaron las suyas y le mostraron el dolor que sentía como si lo viviera en carne propia. 

"Yo seré quien te cuide, ya no tendrás que llorar"

Esas palabras no solo quedaron grabadas en la mente de la niña, sino también en su corazón. Aquel majestuoso ser de sonrisa perfecta fue quien, a lo largo de su vida, la ayudó a salir adelante, incluso en los momentos más difíciles. Sus padres se separaron, Jongin secó sus lágrimas; su madre se suicidó, Jongin la envolvió en sus brazos; su vida estaba hecha un desastre, su corazón estaba roto y parecía no tener arreglo pero Jongin la envolvía en sus alas y el dolor desaparecía. 

"No podría vivir sin ti" 

Esa frase hizo que dudase de si lo que estaba haciendo estaba bien. Se supone que los humanos no deben tener ese tipo de lazos con los seres etéreos... Jongin dejó de visitarla tan a menudo, la joven parecía estar triste aunque en realidad, él todavía estuviera a su lado solo que ahora la observaba a la distancia, como lo hacía al principio. 
Los meses pasaron y se convirtieron en años, el ángel veía a su pequeña protegida totalmente cambiada. De ser una niña a toda una persona adulta, brillante e inteligente, con un gran futuro. Pronto, ella conoció a quien ahora la acompañaba, el amor de su vida. Jongin sonrió en el momento del "sí, acepto". Supo en el momento en el que escuchó el llanto de un bebé recién nacido que había hecho lo correcto, que su compañía realmente había traído el bien y la paz. 





Satisfecho con el resultado de su empeño, abre sus alas de par en par y comienza a volar, pasando por encima de la familia que su protegida había formado, polvo dorado cayendo sobre ellos, una sutil bendición. La joven mira hacia arriba, el cielo está anaranjado. Una sonrisa se dibuja nuevamente en su rostro cuando divisa un par de alas color arena desaparecer fugazmente.